Un suspiro, el último, destrozó el guión del Liverpool, crecido en la máxima competición continental. El Chelsea completó una actuación para olvidar y, sin comerlo ni beberlo, agarró un divino tesoro de Anfield. Un centro de Kalou en la última jugada de la batalla originó el cabezazo más triste de la carrera de Riise. El servicio del africano al corazón del área encontró un inesperado aliado. El noruego, sin pensárselo, remató el latigo de Kalou y giró una batalla que tuvo de todo.
Barcelona y Manchester firmaron las tablas en el primer envite de las semifinales de la Liga de Campeones (0-0). Los ingleses, que fallaron un penalti a los dos minutos de partido, dieron una imagen muy diferente a la de esos ‘Red Devils’ que tienen encandilada a media Europa. En cuanto al Barça, los azulgranas tuvieron el control del balón la inmensa mayoría del partido y fueron superiores a los ingleses pero les faltó profundidad para imponerse en los últimos metros. Con las cosas así, será Old Trafford el que dicte sentencia y elija al primer finalista de esta Champions.
Era la hora de la verdad. Después de fallar una y otra vez en Liga después de partidos tan lamentables como el del Betis del pasado domingo o como la eliminatoria copera ante el Valencia, llegaba el momento de que el equipo diera la cara y lo hiciera en la única competición en la que los azulgranas tienen serias opciones de victoria.

Y, algo excepcional esta temporada, el equipo dio la cara y logró un triunfo que pone la eliminatoria muy favorable al equipo de Rijkaard. Sin embargo, la victoria no puede esconder que el juego del Barça está a años luz de aquél que deslumbró Europa hace tan solo un par de años. Ni mucho menos. Se consiguió el triunfo porque Bojan salió al rescate del equipo logrando un gol muy importante. Se logró también porque el Schalke es un conjunto muy inferior al azulgrana, porque ante otro equipo enfrente, –por ejemplo el Manchester, que ya está virtualmente en semifinales-, la portería de Valdés no hubiera acabado a cero.
El partido empezó con un Barça nervioso, pero que rápidamente se hizo con el control de la pelota delante de un Schalke que dejaba al equipo azulgrana hacer a sus anchas. Hasta el 70% de posesión tuvo el Barça y cuando pasa eso, lo normal es que jugadores como Xavi o Iniesta demuestren su gran calidad.
Y es que de las botas de ambos nacieron las primeras ocasiones del partido. En el minuto 7, pase de Xavi hacia Iniesta, que se plantó solo ante Neuer, pero el de Fuentealbilla llegó muy justo y no consiguió batir al portero alemán.
En la siguiente, el manchego no falló. Lanzó un pase magistral en profundidad hacia Henry y de allí nació el primer gol. El delantero francés tiró flojo ante Neuer, pero aprovechó el fallo del portero para recoger el rechace y darle el pase de la muerte a Bojan, que sólo tuvo que empujar el balón al fondo de la red.
El canterano demostró que tiene olfato de gol y que ni la presión de jugar con el Barça ni la de hacerlo en la Champions le pueden. Lástima que no le dejaran optar ni siquiera a ser el goleador más joven de la historia de la competición.
El Barça estaba jugando mejor y el gol fue justo premio para los azulgrana. Sin embargo, después de conseguirlo los alemanes despertaron y, aun sin crear demasiado peligro, empezaron a presionar a los hombres de Rijkaard y a colgar balones al área para aprovechar su teórica superioridad en el juego aéreo.
No fueron grandes ocasiones, pero en cualquier lanzamiento de córner o de falta, se intuía el posible peligro. Pero la noche de este martes no fue la del sábado. Hoy no entraron los goles que sí entraron en el Ruiz de Lopera. Valdés no tuvo que esmerarse demasiado en la primera parte y el Barça llegó al descanso controlando el partido sin muchos problemas.
Eso sí, los azulgranas vencían pero no deslumbraban. Tres tiros a portería y la aparición de Bojan ‘pescando’ el gol en una jugada que era para que marcara Henry. Suficiente contra el Schalke, pero poco alentador para enfrentarse, probablemente, al Manchester en semifinales.
La segunda parte empezó con el Schalke presionando un poco más a los azulgranas, que tenían más problemas para salir de su campo. El planteamiento de los alemanes, sin embargo, era el mismo de la primera mitad: colgar balones y intentar algún tiro lejano, como el que se sacó de la manga Pander y que Valdés no acertó a blocar.
Pero es que el Barça tampoco ofrecía mucho más en el campo. Toque y más toque, pero sin profundidad ni peligro ni siquiera ganas o actitud para sentenciar la eliminatoria con un segundo gol. Ese ‘gol de la tranquilidad’ que le ha faltado al Barça el último año antes de que le empataran o remontaran partidos de infausto recuerdo (Espanyol, Betis, Athletic…)
Sólo algún detalle de Bojan o Iniesta parecía que serviría para activar el juego azulgrana, pero ni por esas. El de Fuentealbilla probó a Neuer con un tiro lejano en el minuto 62 y a partir de ahí el Barça pareció recuperarse, pero el paso de los minutos sólo hizo que aumentar el acoso del Schalke, que tuvo en tres minutos –entre 67 y el 70-, las mejores ocasiones del partido.
Primero, con un tiro de Ernst que desvió Asamoah y que estuvo a punto de entrar; y después, en una ocasión más clara aún, por medio de Altintop, que cruzó demasiado el balón ante la salida de Valdés.
Rijkaard dio entrada a Márquez por Touré, pero el retorno del mexicano no le cambió la cara al equipo. Los alemanes, crecidos, siguieron disponiendo de ocasiones y el danés Larsen, -que entró por Asamoah- tuvo el gol del empate en un centro desde la derecha que remató alto.
Los últimos minutos fueron sufridos para el Barça, pero la cosa terminó bien. El acoso y derribo de los hombres de Slomka no tuvo premio por la mala puntería de sus delanteros, -y el paradón de Valdés a remate de cabeza de Bordon en el minuto 90-, y eso sirve para que el equipo culé pueda afrontar la vuelta con un gran resultado.
El trámite de la liguilla es historia y sirvió para analizar la altura del Madrid en una situación de riesgo que no admitía vuelta de hoja ni partido de vuelta. Prueba superada. El equipo tiene cuerpo y cabeza, y no se atisban los nervios de los primerizos o los inseguros. El Bernabéu, además, cumplió con su papel de escenario perfecto para las noches perfectas y habrá que esperar ahora a que pasen los iguales y los parecidos. En los grupos conoces gente, pero los octavos de final son, por fin, la vieja y maravillosa Copa de Europa.
El Lazio, por cierto, duró un suspiro, pero fue un suspiro profundo. Saltó al campo conectado al partido, tocó bien y disfrutó de la primera ocasión de gol. Rocchi trazó una diagonal y donde no había nadie encontró al francés Meghni, el chico al que un día llamaron el nuevo Zidane. El remate fue malo y no sabría decir por dónde salió el balón, si por Castellana o por Rafael Salgado. Pese a todo, el muchacho dejó detalles de clase lenta y, como tiene entradas y perfil argelino, se entiende que alguien, alguna tarde, quisiera jugar a los parecidos y deslizara el nombre del genio. La ocurrencia sería divertida si el muchacho no la llevara clavada entre pecho y espalda.
El Madrid respondió contundentemente: Sneijder sacó un córner y Raúl cabeceó al primer palo, donde se estrelló el balón como un martillazo. El Lazio salió aturdido de la jugada, porque los postes no suelen ser campanas de boda. Desde ese momento, los italianos fueron perdiendo, poco a poco, concentración y confianza, como si todo lo que no debía pasar estuviera a punto de hacerlo.
Etoo vuelve a marcar.
El Camp Nou, y podría decirse que el fútbol europeo, esperaba que la de anoche fuera la noche de Bojan Krkic. El chico (17 años y pico) estaba en el centro de todas las miradas, pendiente de marcar un gol que lo habría convertido en el anotador más joven de la historia de la Champions League. Pero el protagonismo fue para un viejo conocido de las redes de medio continente. Responde al nombre de Samuel Etoo. Otra vez titular, fue en parte responsable de que Bojan se quedara en el banquillo, pero certificó su condición de martillo impenitente de las porterías contrarias.
Marcó Etoo, el 2-1, el gol que significaba la remontada de un Barça que empezó el partido de la peor manera, con un gol en contra a los tres minutos, mérito compartido entre Da Silva y Jorquera: el primero, porque lanzó un libre directo colocado, que dio en la base del travesa el portero, porque se comió el rebote, que le dio en el pecho y se convirtió en el 0-1.
Eso fue casi todo lo que pudo hacer el Stuttgart, porque el Barça no le permitió más. Voraz como el espíritu de Etoo, presionó arriba sobre todo con el camerunés y con Giovani, y recuperar la pelota tan arriba le permitió crear peligro con frecuencia. Tanto, que Schäfer, el portero alemán, se convirtió en una de las figuras destacadas de la noche. Etoo (dos veces), Xavi y Giovani pudieron conseguir el empate antes del descanso, pero al final la suerte fue para el mexicano, que empujó con un brazo un centro de Ronaldinho desde la banda izquierda.
Triste desenlace el que ha tenido el encuentro disputado esta noche en Valencia. Triste sobretodo por cómo se desarrollaron los acontecimientos. El Valencia, un equipo tocado y cuesta abajo desde la convulsa destitución de Quique, sacó todo el coraje y la rabia que lleva dentro y cogió por los cuernos un encuentro que se había puesto imposible. Se sobrepuso a los contratiempos, dio la cara y mereció un mejor resultado. Un resultado que le mantuviera con vida, que diera ilusión a una afición que despidió, agradecida, a su equipo con aplausos. Finalmente la despedida de la Champions puede haber supuesto el reencuentro con los suyos. Cosas de la vida.
Con diez, mucho tendría que mejorar el equipo para poder lograr un objetivo al que ni siquiera se había acercado con once sobre el campo. Manuel Fernandes entró en detrimento de Morientes, pero poco despés llegaron más problemas para el bueno de Ronald con la lesión de Caneira, que obligaría a Albiol a jugar en el lateral izquierdo el resto del encuentro. Al menos se podían extraer dos detalles positivos, la clemencia de los alemanes, que no se cebaban, y el apoyo del público, volcado de nuevo desde la expulsión. Antes del descanso, en una jugada a balón parado el mejor arma teniendo en cuenta las circunstancias, Marchena pudo aprovechar un error arbitral para anotar en fuera de juego el primer tanto, pero su remate a bocajarro fue desviado por Neuer. Era la primera ocasión de los locales, que no estaba el Valencia para desperdiciar regalitos como ese.
El Fútbol Club Barcelona consiguió matemáticamente el primer puesto del Grupo E con un empate vistoso (2-2) ante el Olympique de Lyon en Gerland. Los culés necesitaron el punto que necesitaban para estar en octavos en un partido muy disputado que arrancó frenético con el tanto de Iniesta en el minuto 3 a pase de Bojan, que ocupó el lugar de Ronaldinho en el once inicial. En el 7, el Lyon puso la igualada con un lanzamiento de falta muy lejano que sorprendió a Valdés. Pese a las numerosas ocasiones de peligro que hubo, el marcador no se movió hasta la segunda parte. Messi y Juninho Pernambucano, ambos desde el punto de penalti, pusieron el 2-2 definitivo en un marcador que contentó a todos.
El Sevilla agarró el billete directo hacia octavos tras una noche memorable (3-1). Los sevilistas se gustaron ante un Arsenal que comprobó de lleno la mejor versión del huracán que merodea por Nervión y firmaron su clasificación matemática para estar entre los dieciséis mejores equipos del continente. Eduardo adelantó a los ‘gunners’, pero un Sevilla dispuesto y lanzado por una maravilloso carril diestro le dio la vuelta al asunto. Keita, Luis Fabiano y Kanouté, de penalti al borde del pitido final, acabaron con la racha del Arsenal de 28 partidos sin perder y dejan a los de Jiménez con la primera plaza del grupo en la mano.

