Un suspiro, el último, destrozó el guión del Liverpool, crecido en la máxima competición continental. El Chelsea completó una actuación para olvidar y, sin comerlo ni beberlo, agarró un divino tesoro de Anfield. Un centro de Kalou en la última jugada de la batalla originó el cabezazo más triste de la carrera de Riise. El servicio del africano al corazón del área encontró un inesperado aliado. El noruego, sin pensárselo, remató el latigo de Kalou y giró una batalla que tuvo de todo.
El castigo para el Liverpool, inapropiado e inmerecido, es de los que hacen daño. Conociendo las películas que protagonizan ambos equipos, el tanto de los de Grant vale un mundo.
Ni por la cabeza ‘blue’ pasaba el desenlace de un choque de ida en el que el Liverpool se agarró, ofreció su mejor versión y se llevó un disgusto final que destrozó el guión adaptado por Benítez. Rafa volvió a ganar la partida al Chelsea, pero pocos contaban, ni el ‘boss red’, con ese último suspiro.
A los mandos
El inicio de la batalla arrancó con apariencias. El Liverpool, sabiendo que un error se paga más que caro a estas alturas, aguantó un dominio territorial rival que se quedó en poco o nada. Los ‘reds’ fueron ganando terreno poco a poco de la mano de un imperial Xabi Alonso. El vasco, de una vez por todas, tomó el mando y el ‘Pool’ se guió al son que marcó. Escoltado por un Mascherano todoterreno y el Gerrard de siempre, los de Benítez comenzaron a ganar el partido en la zona ancha. Ballack, Makelele y Lampard se vieron desbordados.
En defensa, Skrtel y Carragher rozaron la perfección. Drogba se defraudó como nunca en uno de las peores citas que se le recuerdan. Como no podía ser de otra manera, la tensión y el alto ritmo marcado no se dejaron de lado y, en ese guión, el Liverpool se adapta como pocos. Torres, centro de las miradas, no tuvo su día. Pasada la media hora perdió un mano a mano con Cech y nunca estuvo cómodo con Carvalho y Terry a sus espaldas.
Cuando se bordeaba el descanso, los de Benítez encontraron lo que buscaron con méritos propios. Un disparo penoso de Mascherano en la frontal se disfrazó en un gran pase con Kuyt como objetivo. El holandés, competitivo e inteligente, pisó área, hizo dudar a Makelele y batió a Cech por bajo. Anfield explotó ante el premio.
Pesadilla en un minuto
La segunda mitad siguió por los mismos derroteros, engrandándose la figura de Babel. El holandés sembró el pánico por las bandas y cerca de la media luna, volviendo loco a un Chelsea que nunca estuvo cómodo y que se vio superado por la pizarra de Benítez. El Liverpool tocó y buscó el marco rival como si le fuese la vida en ello. Allí, Cech sacó lo de mejor de sí. El checo protagonizó una mano prodigiosa a trallazo de Gerrad y, segundos antes del gol de Riise, volvió a ganarle la partida a El ‘Niño’.
Grant movió fichas ante el camino marcado y el asunto cambió. El Liverpool se conformó con una mínima ventaja dorada y retrocedió para destrozar el partido a la contra. Se equivocó, visto lo visto. Los ‘reds’ no atinaron con espacios y ese centro de Kalou con castigo golpeó el corazón del ‘Pool’.
La entrada en escena del propio Kalou, sustituyendo a un apagadísimo Joe Cole, resultó determinante ante el suspenso de sus compañeros. De sus botas nació ese cabezazo de Riise que pone la eliminatoria de cara para un Chelsea que tiene Moscú entre ceja y ceja. El Liverpool necesitará ahora darle la vuelta a una batalla que ha tomado unos tintes poco apropiados para sus intereses. Queda otro asalto a cara de perro. Recuerden
