La insistencia tiene su premio. El Almería obtuvo un trabajado triunfo ante un Villarreal que tuvo que apañarselas con uno menos durante casi todo el partido. Los de Pellegrini aguantaron el asedio local pero Acasiete terminó derrumbando la muralla amarilla para dejar la Liga casi sentenciada. Diez puntos separan al submarino de la cabeza. Demasiados a estas alturas. Seis son la distancia hasta la UEFA del Almería. Pocos con los que quedan por jugarse.
El fortín de Almería recibía a un Villarreal que buscaba ser segundo. Un equipo, el de Pellegrini, que todavía quería prolongar su sueño liguero una jornada más. Pensamientos que se esfumaron a los quince minutos con una jugada tan tonta como desafortunada. Diego López redujo al mínimo las opciones de los suyos al equivocarse por partida doble: primero, con un control largo tras una cesión; después, con un penalti sobre Crusat, que aprovechó el primer error para hacerse con el balón, innecesario. El pequeño extremo había emulado al meta amarillo y su control le impedía gozar de una buena ocasión.
Sin ideas
Pero la jugada terminó con el cuero en el punto de penalti y con Diego López camino de los vestuarios. La papeleta para el debutante Juan Carlos era considerable, pero Negredo quiso obsequiarle con un regalo impropio de estas fechas. El nueve local mandó el balón a las nubes y comenzó lo que sería una noche aciaga para él. La impotencia de los de Emery para hacer daño a una atenta defensa amarilla tuvo su mejor ejemplo en el fornido delantero.
Los locales dominaban, elaboraban con criterio pero se perdían con centro prematuros que Cygan y Gonzalo, impecables, repelían una y otra vez. La estupenda labor defensiva de los de Pellegrini no se veía correspondida con algún contraataque de cierta relevancia. Alves pudo ver el choque desde su butaca privilegiada hasta los últimos instantes del partido.

