Mal encuentro el visto en el Calderón. El Valencia, que remontó un 2-0, fue justo vencedor de la eliminatoria.
El encuentro fue un claro ejemplo del mal momento que viven ambos equipos. En 27 minutos ya se habían anotado tres goles. Engañoso, ya que sólo uno de ellos se produjo con la voluntariedad de su autor. Primero a Miguel, y luego a Cléber, les entró la vena goleadora en el momento menos indicado, cuando las redes que tenían delante eran las equivocadas. Entre medias había hecho el segundo el Atlético, una obra de arte del ‘Kun’, que partido a partido demuestra que tener la confianza que le faltaba el año pasado. El argentino contó con la colaboración de su mejor socio, Diego Forlán, y de la defensa del Valencia, todo sea dicho. En cualquier caso, Agüero definió con un trallazo imparable para Hildebrand, y con la zurda. Todo un fenómeno.
Con el 2-0 el Calderón comenzó a relajarse. Al fin y al cabo el que estaba en frente era Valencia. Nadie daba un duro por una remontada. Durante los minutos anteriores, aún con un tanto de ventaja en el marcador, el público colchonero había silbado en varias ocasiones a su equipo. Tras tres derrotas consecutivas no se le iba a pasar ni una más a los de Aguirre, y la gente llegaba a su asiento predispuesta al abucheo. Especial calvario sufrió Reyes. Nadie creía en el despertar valencianista? y apareció Cléber. No sólo por el gol, una jugada casual y llena de mala fortuna, sino por otro mediocre encuentro, el mediocentro se va ganando día a día un sitio en la larga lista de organizadores que han pasado sin pena ni gloria por este equipo.
Pero no todas las críticas van a ser para el mismo. El centro del campo del Atlético fue un completo desastre. Luis García no daba una a derechas, alguien debería decirle que existe algo llamado ‘primer toque’. Reyes se mantiene en su línea, es una lástima ver en lo que se está convirtiendo, y la mayor decepción fue Maxi, completamente desaparecido. Sólo la pareja de siempre, los de arriba sostenían al Atlético.
El Valencia, que no está para tirar cohetes, no es que estuviera barriendo a su rival, pero al menos por juego y determinación, no merecía ir por detrás en el marcador. Por una vez, y sin que sirva de precedente, el fútbol fue justo y no dejó que ninguno de los dos se fuera con ventaja al descanso. Mata, otro de los que Koeman únicamente utiliza cuando no le queda más remedio, empató el encuentro con un zurdazo que se coló por el palo defendido por Falcón. El pase, por cierto, fue de Banega, que si bien hasta el momento había estado más bien impreciso en todas las facetas ofensivas, la asistencia le dio confianza y en adelante mostró sus dotes de organizador y su visión de juego.



